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Los beneficios de andar en personas mayores

El sedentarismo es uno de los grandes problemas de salud de nuestra época. Promueve un sinfín de enfermedades como la obesidad, falta de energía, pérdida de tono muscular, envejecimiento prematuro, deterioro funcional, dolores de espalda, deterioro del sistema cardiovascular y aumento de la presión arterial y otras situaciones como depresión, ansiedad y estrés emocional. ¿La buena noticia? Para combatirlo no es necesario pasar largas horas en el gimnasio o realizar deportes de alta intensidad. Salir a caminar media hora al día de manera regular puede ser más que suficiente para obtener los múltiples beneficios del ejercicio físico.

Caminar es especialmente beneficioso para las personas mayores, ya que sus riesgos y lesiones son mínimos en contrapartida del sinfín de beneficios que les aporta:

  • Reduce la incidencia de las enfermedades cardiovasculares
  • Reactiva el metabolismo
  • Retrasa la resistencia a la insulina asociada a la edad
  • Reduce la pérdida de masa ósea
  • Previene el riesgo de sufrir fracturas
  • Refuerza los músculos
  • Se reduce el riesgo de caídas
  • Refuerza el sistema inmune, reduciendo la incidencia de algunos tipos de cáncer como mama, colon y páncreas. Ayuda a la recuperación física y emocional tras la superación del cáncer y controla la fatiga en el proceso de recuperación.
  • Reduce el dolor de músculos y huesos asociado al envejecimiento.
  • Protege frente la osteoartritis.
  • Incrementa y conserva la función cognitiva, reduciendo el riesgo de desarrollar demencia o Alzheimer.
  • Incrementa la funcionalidad física, favoreciendo una mejora en la autoeficacia y autoestima.
  • Disminuye la prevalencia de depresión, ansiedad y otras enfermedades mentales y favorece la cohesión e integración social de las personas mayores.

Para poder obtener todos estos beneficios es importante que se camine un mínimo de media hora al día, de forma regular y con la técnica correcta. La postura debe ser vertical, con los hombros erguidos, cabeza y espalda recta y el abdomen plano. Hay que dar pasos largos y firmes, apoyando la planta del pie de forma natural y acompañando el movimiento con los brazos. La respiración debe ser profunda, utilizando la mayor cantidad pulmonar posible, inhalando por la nariz y exhalando por la boca. En el caso de pasear por un terreno irregular o que el paso sea muy rápido deberemos inclinarnos ligeramente hacia delante. 

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